Tu estado emotivo va variando con el tiempo.
Lo que ayer te alegraba o no... quizás hoy no.
Por qué?
Simple, la emoción de lo novedoso se desvanece... para caer en ser normal, rutina, hábito.
Cuando se es niño... hay cosas que se desean. Emoción inmensa cuando se recibe. La alegría se irradia a millón.
Se va creciendo... muchas cosas se van logrando, satisfaciendo. Las cosas novedosas se van haciendo menos.
La emotividad se va opacando y crece el aprender a vivir con lo normal, lo rutinario.
El trabajador... siempre trabajando... cumpliendo un horario, cumpliendo tareas... añora los días de fin de semana, si no lo trabaja, los días de vacaciones o la jubilación para descansar, salir de la rutina.
Llega la jubilación. Brinca de alegría. Por fin no cumplirá un horario, no cumplirá tareas asignadas por otro, no tendrá un jefe encima.
Ahora todo el tiempo será para él, solo para él.
El primer mes de jubilado una maravilla, es como un mes de vacaciones.
El segundo mes la alegría empieza a opacarse.
El tercer mes no sabe que hacer con todo el tiempo para él.
Ahí vienen los conflictos existenciales... si no ha logrado readaptarse a su nuevo vivir.
Empieza a sentir la falta de la rutina tenía cuando trabajaba. Le hace falta el látigo de su jefe, de sus tareas le asignaba. Le hace falta estar dentro de un corral no en sabana, libre.
Las personas si no logran irse readaptando a las nuevas circunstancias, situaciones la vida le va ofreciendo empiezan a languidecer, enfermarse, morir en vida hasta si llegar a morir.
Vivir la emotividad se va presentando en el trascurrir de la vida y a ella irse adaptando es vital para conservar la salud física, mental y emocional.
Valmore Vivas
AMOR, GRATITUD, ALEGRÍA
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